Se garantizó la igualdad entre los participantes, ya que todos los vehículos eran muy similares en cuanto a configuración técnica. Por normativa, todos tenían que ser coches completamente eléctricos, con tracción trasera y debían transmitir una potencia de 500kW con una batería de 65kWh. Las únicas áreas donde se permitieron márgenes de adaptación y trabajo por parte de cada marca fue en el diseño del chasis, la aerodinámica y las dimensiones de la carrocería de cada vehículo.